Septiembre es el mejor momento del año para poner la casa a punto. El verano deja polvo, calima y ventanas que han pasado meses abiertas, y en unas semanas vamos a cerrarlo todo, encender la calefacción y pasar mucho más tiempo dentro. Lo que se haga ahora se nota todo el invierno. Estas son las seis tareas que más recomendamos.
1. Los radiadores, antes de encenderlos
Entre los elementos de un radiador se acumula todo el polvo del verano. El primer día que se enciende, ese polvo se calienta: huele a quemado, se mueve por la casa y el radiador calienta peor. Basta con pasar un cepillo largo y estrecho entre los elementos (o la boquilla fina de la aspiradora) y un paño húmedo por fuera, siempre con el radiador frío. Si el tuyo tiene detrás una pared que se ensucia, límpiala también: esa mancha oscura suele ser polvo que sube con el aire caliente.
2. La humedad empieza ahora, aunque no se vea
Con las ventanas cerradas y la ropa tendida dentro, la humedad sube y busca las zonas frías: las juntas del baño, las esquinas de las paredes que dan a la calle y la parte de detrás de armarios y cabeceros pegados a ellas. Antes de que aparezcan los primeros puntos negros conviene limpiar bien las juntas y separar un par de dedos de la pared los muebles grandes. Y ventilar un rato cada día aunque haga fresco: diez minutos con corriente renuevan el aire mejor que una ventana entreabierta toda la mañana.
Si ya hay moho, usa un producto específico, con guantes y ventilando, y nunca mezcles productos: la lejía con amoniaco o con desincrustantes ácidos desprende gases peligrosos.
3. Cristales y persianas, antes de las primeras lluvias
Los cristales llegan al final del verano con una capa de polvo y calima que la primera lluvia convierte en barro. Y en otoño las persianas pasan más horas bajadas, así que la suciedad de sus lamas se ve y se mueve más. Limpiarlos ahora deja entrar toda la luz en los meses en que menos hay.
Las ventanas a nivel se pueden hacer en casa sin problema. Las de doble altura, los ventanales y las persianas por fuera son otra cosa: ahí hace falta material y trabajar con seguridad. Es lo que hacemos en la limpieza de cristales en altura y en la limpieza de persianas, las dos con garantía de 48 horas: si en ese plazo llueve y se estropea el resultado, volvemos.
4. El cambio de armario, con el armario limpio
Aprovecha que está medio vacío para aspirar las baldas y los rincones y pasar un paño apenas húmedo; deja las puertas abiertas un rato para que seque del todo antes de volver a colocar la ropa. La ropa de verano se guarda lavada y bien seca: las manchas de sudor o de crema que no se ven hoy salen amarillas en junio, y la ropa sucia es la que atrae a las polillas. Y la ropa de invierno que sale del altillo agradece un rato al aire antes de ponérsela.
5. Mantas, sofás y colchones vuelven a usarse
Las mantas, los cojines y los sofás recuperan protagonismo, y con ellos el polvo y los ácaros que llevan meses dentro. Lava mantas y fundas antes de sacarlas y aspira bien el sofá y el colchón, también por los laterales y las costuras. Si hay manchas antiguas o alergias en casa, un aspirado no llega al interior del tejido: para eso está la limpieza de colchones, tapicería y alfombras por inyección-extracción.
6. Terraza y tendedero, antes de las tormentas
Las tormentas de otoño llegan con hojas y tierra, y el sumidero de la terraza es lo primero que se atasca. Límpialo y comprueba que el agua corre. Si vas a guardar los muebles de exterior, límpialos y sécalos antes: guardados con polvo y humedad salen con moho en primavera. Y el tendedero, con los hierros limpios, no deja marcas de óxido en la ropa.
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