Abres la puerta de la lavadora y huele a cerrado, a humedad o directamente a alcantarilla. O peor: la ropa recién lavada sale con ese olor. Es una de las dudas de limpieza que más se buscan, y tiene explicación: la lavadora es un sitio húmedo, oscuro y casi siempre cerrado, y ahí se va quedando una película de restos de detergente, suavizante y suciedad de la ropa. Las buenas noticias: se quita en una tarde, sin productos raros, y no vuelve si cambias un par de costumbres.
El olor sale casi siempre de tres sitios
El tambor de acero rara vez es el culpable. Antes de nada, revisa estos tres, porque si limpias uno y dejas los otros dos, el olor vuelve:
- Lo que se veLa goma de la puertaEntre sus pliegues se quedan agua, pelusas y restos de jabón. Es el sitio donde más a menudo aparece moho negro.
- Lo que se olvidaEl cajetín del detergenteEl suavizante y el detergente líquido dejan una capa pegajosa, y en el hueco donde encaja el cajetín crece moho sin que nadie lo vea.
- Lo que nadie abreEl filtroAbajo, detrás de una tapita en el frontal. Recoge pelusas, horquillas, monedas y agua estancada. Si huele a podrido, suele ser esto.
1. La goma de la puerta
- Abre bien los pliegues con los dedos y saca lo que haya: pelusas, pelos, algún calcetín pequeño.
- Pasa un paño con agua caliente y un poco de jabón por dentro de todo el pliegue, dando la vuelta completa. Abajo es donde se queda el agua.
- Si hay puntos negros, es moho: empapa un paño en agua oxigenada de farmacia (la de 10 volúmenes), déjalo apoyado en el pliegue un rato largo y vuelve a pasarlo. Si la mancha sigue ahí, es que está dentro de la goma y ya no sale. Funciona igual que con la silicona de la ducha; lo contamos en cómo quitar el moho de las juntas y la silicona.
- Seca bien la goma al terminar.
2. El cajetín del detergente
- Sácalo entero. Casi todos salen tirando y apretando una pestaña que hay en el compartimento del suavizante. Si no sabes cuál, mira el manual: suele estar en el apartado de limpieza.
- Déjalo un rato en agua caliente en el fregadero y frota los rincones con un cepillo de dientes viejo.
- No te olvides del hueco donde encaja: mira hacia arriba con una linterna. Es ahí donde suele estar lo peor. Limpia con el mismo cepillo y un paño.
- Sécalo y vuelve a colocarlo.
3. El filtro
Es el paso que más impresiona y el que más se nota. Mira antes en el manual dónde está el tuyo; en la mayoría es una tapita abajo a la derecha del frontal.
- Prepara toallas y una bandeja baja, porque va a salir agua: la que queda siempre ahí dentro. Muchas lavadoras tienen un tubito al lado del filtro para vaciarla poco a poco.
- Desenrosca el filtro despacio, girándolo hacia la izquierda, y deja que salga el agua.
- Límpialo bajo el grifo y quita lo que haya atrapado. Mira también dentro del hueco con la linterna.
- Vuelve a enroscarlo bien hasta el final. Si queda flojo, gotea en el siguiente lavado.
Antes de tocar el filtro, la lavadora apagada y desenchufada. Y si acaba de lavar en caliente, espera a que se enfríe: el agua que sale puede quemar.
4. El remate: un lavado en vacío, en caliente
Con los tres sitios limpios, toca arrastrar lo que queda en el tambor y en los tubos que no se ven. Para eso hace falta temperatura.
- Elige el programa más caliente que tenga tu lavadora (60 o 90 °C), sin ropa. Muchas traen uno de «limpieza de tambor»: si lo tiene, usa ese.
- Echa percarbonato de sodio directamente en el tambor, un par de cucharadas soperas (mira la dosis del envase). Es el blanqueador de oxígeno que llevan muchos detergentes: con el agua caliente suelta oxígeno, y eso deshace la película que da el olor, sin cloro.
- Al terminar, deja la puerta y el cajetín abiertos para que se seque por dentro.
¿Y el vinagre con bicarbonato? Es lo que más se lee y lo que menos sirve: al juntarlos hacen espuma porque se están neutralizando el uno al otro, y lo que queda limpia menos que cualquiera de los dos por separado. El vinagre solo quita algo de cal, pero varios fabricantes desaconsejan usarlo a menudo en la lavadora, porque con el tiempo puede estropear las gomas. Si lo usas, que sea de vez en cuando, nunca como costumbre.
Y la lejía, ni junto con vinagre ni con otros productos: juntos sueltan gases tóxicos.
Para que no vuelva: cinco costumbres
- Deja la puerta y el cajetín entreabiertos después de cada lavado. Es lo que más cuenta: cerrada y húmeda, la lavadora es el sitio perfecto para el moho.
- Saca la ropa en cuanto termine. Una colada que se queda dentro unas horas sale oliendo a humedad, y deja ese olor en la máquina.
- Echa menos detergente y menos suavizante. Más no lava más: lo que sobra no se aclara bien y es justo la película que acaba oliendo. Sigue la dosis del envase según lo sucia que esté la ropa y lo dura que sea el agua de tu zona.
- Un lavado caliente de vez en cuando. Si siempre lavas a 30 o 40 °C, la lavadora nunca se limpia sola. Las toallas y las sábanas a 60 °C ya hacen ese trabajo.
- Repasa la goma y el cajetín cada pocas semanas, y el filtro cada pocos meses. Son cinco minutos y evitan tener que hacer todo lo de arriba otra vez.
Cuando el olor no es de la lavadora: si huele a alcantarilla aunque la acabes de limpiar, sobre todo cerca del desagüe, el problema puede estar en la conexión de la manguera de desagüe o en un sifón que se queda sin agua. Y si alguna vez huele a quemado, apágala, desenchúfala y llama a un técnico: eso ya no es cosa de limpieza.
El resumen, por si te has saltado lo de arriba
El olor sale de la goma, del cajetín o del filtro: limpia los tres. Remata con un lavado en vacío al máximo de temperatura y un par de cucharadas de percarbonato. No mezcles vinagre con bicarbonato. Y a partir de ahí, puerta abierta, ropa fuera en cuanto termine y menos detergente del que crees.
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